lunes, 24 de agosto de 2020

Agua y COVID-19 en América Latina

AMÉRICA LATINA

Agua y COVID-19 en América Latina: la falta de acceso al agua potable aumenta el riesgo de contagio

Los problemas sanitarios ya eran graves antes de la pandemia. La falta de agua expone a los más pobres, sobre todo a las mujeres. Para obtener agua potable acuden a tanques cisterna. Pero ese camino puede ser fatal.

    
Suministro de agua con vehículos cisterna, una medida riesgosa, pero necesaria en tiempos de pandemia

Suministro de agua con vehículos cisterna, una medida riesgosa, pero necesaria en tiempos de pandemia

"Todo comenzó en 2006 con una visita a Cuba del futbolista alemán Benjamin Adrian”, relata a DW Bastian Henrichs, vocero de la ONG "Viva con Agua de Sankt Pauli", el legendario y más popular barrio de Hamburgo. "A ese futbolista profesional, que jugaba por esa época para el club FC Sankt Pauli, lo conmovió que los jóvenes cubanos no contaran con agua potable para beber durante los entramientos, ni para ducharse después de ellos”, cuenta Henrichs, quien agrega que después de su regreso a Alemania, "Adrian convenció a la hinchada del Sankt Pauli, un público y un barrio de Hamburgo muy consciente de los problemas sociales y dispuesta a ayudar en el mejoramiento del acceso al agua potable”. 

Para "Viva con Agua”, una plataforma que respalda a sus socios en la realización de proyectos en diversos países del mundo, "hoy, más que nunca, el coronavirus es un inmenso reto”, tanto para las autoridades como para las personas que no cuentan con agua, o no con la suficiente para lavarse las manos tantas veces como lo aconsejan los epidemiólogos.

Expertos de la UNAM y funcionarios de la Ciudad de México inspeccionan el funcionamiento de una planta de agua.

Expertos de la UNAM y funcionarios de la Ciudad de México inspeccionan el funcionamiento de una planta de agua.

No deja de ser una ironía que el 23 de marzo pasado, el Día Mundial del Agua, fuera justo el día en que varios Gobiernos en América Latina ordenaron la cuarentena por la pandemia. Según el Informe "Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020” de la UNESCO, más de la mitad de la humanidad, es decir, más de 3.900 millones de personas,  vive en ciudades, y en los centros urbanos es donde se concentra el mayor número de asentamientos o barrios marginados habitados por los más pobres en América Latina.

Aún así la Organización Mundial de la Salud (OMS) parte de que el 82% de la población de Latinoamérica tiene acceso a agua potable segura en la región. También, gracias a que con el 33% de los recursos hídricos renovables del mundo, Latinoamérica es el subcontinente con la disponibilidad más alta del mundo.

Pero "disponibilidad" no quiere decir "acceso", como lo recalca el Tribunal Latinoamericano del Agua, una agencia independiente, con sede en Costa Rica, que hace un balance del acceso al agua en América Latina, según el cual “más de 177 millones de habitantes no cuentan ni con servicio de agua ni saneamiento. A esta población se suman los 256 millones de habitantes que en la región evacuan sus desechos a través de letrinas y fosas sépticas”.

Sin conexión o con ella, pero con suministro intermitente

Y si ya algunas ciudades, regiones o países enteros en América Latina enfrentaban graves deficiencias sanitarias, la pandemia los pone ante un reto descomunal: "A pesar de ser el agua el instrumento vital para evitar un contagio con coronavirus, son muchas las personas que en América Latina no cuentan ni con una conexión a la red de suministro”, dice a DW Jorge Arriaga Medina, director ejecutivo de la Red del Agua, de la Universidad Nacional Autónoma de México (RAUNAM), y recuerda que "en México el 5% de la población, unos 10 millones de personas, no están conectadas a la red de abastecimiento de agua”.

Pero en América Latina no basta, a menudo, con tener una conexión, advierte Arriaga, también coordinador ejecutivo del Centro Regional de Seguridad Hídrica, bajo los auspicios de la UNESCO: "El 14% de los habitantes de México tenemos conexión, pero no el servicio todos los siete  días de la semana o las 24 horas del día”. Así, cumplir con las recomendaciones de los médicos y las autoridades es difícil hasta para quienes habitan en una colonia de clase media o alta.

Las mujeres más pobres en América Latina, son también las más expuestas a un contagio

Las mujeres más pobres en América Latina, son también las más expuestas a un contagio

No tienen acceso al agua potable, pero sí a la residual

Una vez lavadas las manos con agua -cuando la hay- o limpiadas las superficies infectadas, el agua se convierte en producto residual. "Estudios han encontrado coronavirus, aunque inactivos, en aguas residuales en Holanda, por ejemplo”, destaca el científico mexicano para ilustrar "el grave riesgo al que están expuestas las personas que no cuentan con instalaciones sanitarias, como un retrete o un baño”, y tienen que lavar sus manos o la ropa en ríos que reciben aguas residuales no tratadas de toda una ciudad de millones de personas y miles de contagiados activos que evacuan virus durante semanas. 

Otro de los problemas agravados en América Latina, a raíz de la pandemia, es el consumo de agua embotellada, sumado este a las nocivas consecuencias del uso masivo del plástico. "Hay muchos que están obligados a comprar agua embotellada, ya sea porque no tienen una conexión al acueducto, o porque reciben el servicio de manera intermitente”, agrega el experto de la alianza de la UNAM y la UNESCO, quien además indica que algunas personas adquieren agua en bidones "porque no confían en la calidad del agua de sus ciudades”. Una situación que ha hecho duplicar la compra de agua embotellada en Ciudad de México.

Los más vulnerables son abastecidos, en el mejor de los casos, con camiones cisterna o carrotanques. Una situación que para Jorge Arriaga se ha convertido en otro reto más para las mujeres. "Ellas, que en Latinoamérica son aún las que más realizan labores domésticas, se exponen a un contagio extraordinario cuando tienen que hacer fila o exponerse a aglomeraciones para recibir agua de los carrotanques”.

Una guía práctica para las autoridades locales en América Latina

Todo un cúmulo de retos y riesgos adicionales que necesitan ser conocidos, enfrentados y manejados por gobiernos, instituciones y organizaciones civiles. Aquí es donde la Red del Agua de la UNAM, en alianza con la UNESCO y su equipo de científicos, expertos de la administración pública y empresarios, recomienda a las autoridades de América Latina y el Caribe, bajo la premisa de que el acceso al agua es un derecho: "No cortar el servicio del agua por no pago o su mora a los ciudadanos, y pensar mejor en diferir los pagos para los meses, una vez haya pasado la pandemia”.

Arriaga Medina, especialista en tecnología ambiental del Imperial College de Londres, insta también a los gobiernos a "suministrar el agua necesaria a las personas vulnerables, así sea en carros cisterna”, pero acota que "la entrega excepcional de agua durante la pandemia no puede ser asumida por particulares que luego buscan impedir el servicio público para quedarse con el negocio”. 

No en vano, "promover e invitar a pensar cómo ayudar a las comunidades sin acceso al agua, y con mayor razón en estos tiempos de pandemia” es uno de los objetivos de la ONG alemana "Viva con Agua de Sankt Pauli". Seguramente, los aficionados del fútbol en Alemania no salvarán el mundo, pero la presencia de cada vez más voluntarios que recogen donaciones en los estadios en donde se juega la Bundesliga es un valioso aporte.  El agua es vital, hoy más que nunca.

(cp)

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II Encuentro Red Glocal

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Constructor del servicio exterior

Constructor del servicio exterior Constructor del servicio exterior 

El jueves 20 de agosto por la noche recibí una de esas noticias que uno no quisiera recibir, aunque las probabilidades de recibirla sean mayores a medida que pasa el tiempo: mi primo Jorge Gumucio Granier había fallecido en Pittsburgh, en el exilio al que fue empujado hace años por el régimen autocrático del MAS que lo persiguió con la saña que hostigó a tantos otros, vaciando la Cancillería de su personal diplomático más calificado. 

Jorge era un diplomático de carrera que muchos califican como constructor del servicio exterior de Bolivia. Su gestión en la Cancillería, en los puestos que ocupó, dejó una huella profunda en todos quienes trabajaron con él cuando fue Viceministro de Relaciones Exteriores (en varias ocasiones), o embajador en Naciones Unidas y en Perú, y en quienes aprendieron de él en la Academia Diplomática.

 

La cancillería de Bolivia está impregnada de su ejemplo, y de su paso por esos salones de altos y señoriales techos queda mucha obra y mucha generosidad. No solamente fue el artífice del edificio anexo que ahora alberga la mayor parte de las direcciones de nuestro servicio diplomático, una construcción que respetó la estructura clásica del edificio original (cuyo espacio físico ya era insuficiente), sino que además se ocupó de los mínimos detalles: en los pasillos del segundo piso donde se encuentran los despachos más importantes del ministerio (despacho de la Ministra, viceministerios, protocolo y ceremonial del Estado), están los retratos que donó de ilustres predecesores de la diplomacia de Bolivia.

 

Llegó al servicio exterior boliviano con su amplia experiencia como doctor en Sociología e investigador de la realidad boliviana, que había enriquecido durante los años que estuvo en IBEAS (Instituto Boliviano de Estudio y Acción Social) donde investigó y publicó varios ensayos y formó a nuevas generaciones de investigadores. El servicio exterior boliviano necesitaba el perfil de personas comprometidas con la realidad del país, con músculo académico y una visión de futuro de las relaciones regionales e internacionales. En esa medida jerarquizó las funciones diplomáticas rodeándose de profesionales del más alto nivel. 


Era meticuloso en todo lo que investigaba: Ocupación y desocupación urbana (IBEAS 1967), Estudio regional del noreste boliviano (IBEAS 1966). Sus libros sobre la cuestión marítima figuran entre los más serios y documentados: Estados Unidos y el mar boliviano (1985), El enclaustramiento marítimo de Bolivia en los foros del mundo (1993), Perú-Bolivia: forjando la integración (1995), Orígenes del enclaustramiento de Bolivia y del Tratado de 1904  (2013), Apuntes para una historia diplomática de Bolivia y Ley del servicio exterior (1993), y Diplomacia presidencial entre Bolivia y el Perú, son algunos de sus aportes.

 

En la familia Gumucio había dos primos especialistas de la genealogía familiar, que podían casi de memoria revisitar la trayectoria de todos nuestros antepasados. Uno era Fernando Baptista Gumucio y el otro Jorge Gumucio Granier. Conversar con ambos era una delicia. Tuve oportunidad de grabarlos para la investigación que hice para la biografía sobre mi padre. Jorge proporcionó información invalorable, matizada con jugosas anécdotas que enriquecían su relato.

 

Uno de los episodios más conocidos en la vida de Jorge Gumucio fue su dura experiencia como rehén del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Todo comenzó con el asalto armado a una recepción diplomática el 17 de diciembre de 1996 en la Embajada de Japón en Lima, con cerca de 800 invitados del mundo diplomático, pero también de instituciones culturales. Yo me enteré el 18 de diciembre de 1996 cuando, por mera casualidad, estaba en Bilbao visitando a los antepasados españoles, la familia Gumuzio del país vasco, que Jorge también había visitado. Uno de ellos acababa de escuchar la noticia en la radio. Pasaron los meses y me encontraba en Haití el 23 de abril de 1997 cuando una acción militar acabó con el grupo de secuestradores y logró rescatar con vida a 71 de los rehenes. Jorge recibió minutos antes el aviso de que se iba a producir el ataque y pasó la voz a los rehenes para que se tiraran al piso.

 

Al cabo de unas semanas del asalto a la embajada los captores del MRTA dejaron salir a muchos rehenes, pero conservaron a 72 que tenían un peso político mayor, entre ellos Jorge Gumucio, que padeció hora por hora los 126 días de su cautiverio, aquejado por una dolencia cardiaca que mantenía su salud en un estado de extrema fragilidad. Meses después Jorge ofreció su propio relato de esa experiencia cuya noticia dio la vuelta al mundo, y alguna vez me comentó con tristeza que el gobierno de Sánchez de Lozada no había hecho lo suficiente para gestionar su salida de esa situación tan riesgosa para su salud.

 

En una entrevista con Anna Infantas Soto publicada en Los Tiempos el 10 de diciembre de 2006, reconoció que una salida negociada hubiera sido imposible dada la determinación de los guerrilleros del MRTA, y habló de las conversaciones que sostuvo durante su cautiverio con el jefe del comando, Néstor Cerpa Cartolini:

 

“Cerpa era un dirigente con mucha experiencia sindical en Perú. Conversamos sobre Bolivia, había vivido en Santa Cruz y en Chapare. Tenía papeles de ciudadano boliviano, de Uyuni, que le permitían mimetizarse como colla. Me mostró su carnet de identidad. Su señora también vivió en Bolivia, y fue ella la que, cuando sucedió el secuestro de Samuel Doria Medina, llevó el dinero a Perú. Cerpa conocía bastante bien el país. Era parte de sus estrategias, aunque tenía problema de habla… hablaba como limeño. (…) Él vino en busca de nombres de empresarios para secuestrar. Elaboró una lista. Tenía gente de Santa Cruz y de La Paz, pero al final optaron por Doria Medina, porque vieron que era el más joven y por quien el padre podía pagar. Algo que me dijo es que cuando se secuestra a un empresario mayor, los hijos lo venden para cobrar el seguro. Por eso, prefirieron a un joven, porque el padre siempre da todo para salvar a su hijo”.

 

Antes de morir, Jorge expresó su voluntad de ser cremado y de que sus cenizas fueran esparcidas en el océano Pacífico, un acto simbólico que debería ser acto de Estado. 

 

No dudo que todo gobierno democrático en el futuro mantendrá vigente el reconocimiento y la memoria de Jorge Gumucio Granier, que murió lejos de la patria a la que sirvió con grandeza y humildad, hasta que la ignorancia y torpeza arbitraria del MAS lo apartó del camino.

 

(Publicado en Página Siete el sábado 22 de agosto 2020)